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5 de Junio: Reflexiones desde la Universidad en el día del Medio Ambiente PDF Imprimir E-mail
Jueves, 04 de Junio de 2009 16:04

"La salud ambiental es una disciplina que evoluciona a partir de la salud pública para prevenir, investigar y atender, los efectos en salud en aquellas comunidades que han sido afectadas por factores ambientales y factores antropogénicos que incrementan la vulnerabilidad de las poblaciones".

Una buena salud ambiental supone una buena calidad de vida bajo un enfoque ecosistémico; esto es, que el ser humano debe ser tomado en cuenta como un participante más de todo un ecosistema. En consecuencia, los factores ambientales que pueden afectar a la población no se reducen a las sustancias químicas, físicas o biológicas que directamente pueden afectar a la salud, sino también, a aquellos factores que afectan la calidad de vida, entre otros el cambio climático, la ruptura de la capa de ozono, la desertificación y la deforestación.
Pero factores externos que incrementan la vulnerabilidad, tales como la pobreza, la carencia de recursos naturales, una pobre educación, la violencia (en todas sus clasificaciones), la vivienda marginada, el poco acceso a atención médica, la falta de agua potable, también deben tomarse en cuenta dado que afectan la calidad de vida y disminuyen la capacidad de la población para superar sus limitaciones.
Los problemas que por contaminación puedan existir en un ecosistema o en una comunidad humana son múltiples. Por lo general, los recursos disponibles para estudiar estos problemas son insuficientes por lo que, lo apropiado, es establecer un orden de prioridades.
De la investigación bibliográfica se conoce que los países industrializados introdujeron al mercado, en los últimos cien años, más de 80.000 productos químicos. A pesar que es bien conocido que muchas sustancias químicas tienen efectos negativos sobre la salud, recién en los últimos años se ha comenzado a comprender los efectos potenciales sobre la salud y sobre el desarrollo del niño y a relacionarlos con las exposiciones a tóxicos ambientales. Es necesario conocer cuáles son nuestros tóxicos más cercanos:

Los plaguicidas se encuentran entre los productos más tóxicos disponibles en el mercado, especialmente en muchas regiones de los Países del Tercer Mundo. Su extendida e inadecuada utilización en las prácticas agrícolas los convierte en una de las sustancias de mayor riego para la salud. Los plaguicidas representan una amenaza para las personas de todas las edades, pero son los niños quienes enfrentan el mayor peligro. No solamente por el hecho de que la conducta infantil (por ejemplo, el hecho de llevarse la mano a la boca) aumentan las posibilidades de exposición a estos químicos, sino que su desarrollo fisiológico crea vulnerabilidades específicas tras esa exposición.

Los compuestos orgánicos persistentes (COPs), que incluyen a la gran mayoría de plaguicidas organoclorados (POCs), a los bifenilos policlorados (PCBs), las dibenzodioxinas policloradas (PCDD) y a los dibenzofuranos policlorados (PCDF) sufren una escasa y lenta degradación con alta persistencia en el ambiente y acumulación en la cadena alimentaria. Las exposiciones prenatales o durante la primera infancia a los COPs se relacionan con deficiencias en el desarrollo neurológico e inmunológico, considerándose la principal vía de exposición en los niños la digestiva a través de los alimentos. En la Argentina, los COPs se utilizaron extensivamente en la agricultura, la explotación forestal y el control de plagas, y diversos estudios señalan la presencia de los mismos o sus derivados en alimentos, incluidos los utilizados en las dietas infantiles, así como en muestras biológicas de niños.

La presencia del plomo en el organismo humano es, consecuencia de la contaminación antropogénica con efectos nocivos para la salud. La cantidad de plomo en el organismo se relaciona con los niveles de concentración del mismo en el ambiente. Los efectos tóxicos del plomo son conocidos desde hace mucho tiempo.

La intoxicación por plomo es una enfermedad ambiental prevenible cuya forma de presentación ha ido cambiando a lo largo del tiempo. Clásicamente, se caracterizó por afectar a niños y adultos, quienes presentaban signos y síntomas generalmente relacionados con el aparato gastrointestinal y el sistema nervioso central. El plomo es un agente que, en bajas concentraciones, es capaz de disminuir sutil, pero significativamente, el rendimiento intelectual en los niños. A ello se debe sumar la influencia de las condiciones socio-económicas y culturales del medio, las cuales pueden agravar la situación. Esto determina la importancia de disminuir su exposición ambiental durante la infancia.

La investigación sobre la interacción entre las sustancias químicas ambientales y el desarrollo del niño es una área nueva de la Salud Pública. También un área donde se cruza la ciencia con la política pública. Hace pocos años que se ha comenzado a comprender, a través de múltiples investigaciones los efectos potenciales sobre la salud y sobre el desarrollo del niño y a relacionarlas con las exposiciones a tóxicos ambientales.

Es importante la evaluación y la comprensión de la influencia de sustancias químicas ambientales en el proceso de la aparición de enfermedades relacionadas al neurodesarrollo (déficit de atención- hiperactividad y autismo, por ejemplo).
Las consecuencias de estos desórdenes del desarrollo, que son irreversibles, pueden ser trágicas. Los costos familiares, sociales y económicos son inmensos y la incapacidad puede perdurar toda la vida
En las últimas dos décadas ha habido una explosión de investigaciones neurobiológicas sobre atención, memoria, y otras funciones cognitivas. Además los patrones y estados del desarrollo normal del cerebro son ahora bien entendidos. Estos nuevos conocimientos nos ha permitido una mejor comprensión de la especial vulnerabilidad del desarrollo del sistema nervioso a los cambios del ambiente químico interno del organismo.
Ahora se desprende claramente de observaciones realizadas en niños, que ante cambios sutiles en las concentraciones de sustancias químicas normales (como las hormonas) o la presencia de agentes tóxicos externos (como metales pesados o sustancias químicas sintéticas) pueden producir cambios profundos y permanentes en el desarrollo del sistema nervioso.
Estos cambios pueden llevar a deterioro del rendimiento mental y alteraciones en el sistema reproductor.
No debemos ignorar y sí tener presente que los niños son concebidos y viven hoy en un ambiente muy diferente al de hace unas décadas. Hay un nuevo patrón de enfermedades emergentes. Màs de 10 millones de productos con los que convivimos diariamente contienen sustancias químicas, aún no conocemos la toxicidad de la mayoría de ellos, muchos son identificados como neurotóxicos con efectos por exposición crónica a muy bajas dosis, tan bajas que a veces son difíciles de detectar en el medio ambiente.
El problema es que los niños son muy vulnerables a los tóxicos desde su concepción, tienen menor habilidad detoxificante, ingieren más agua y alimento y consumen más aire en relación con su tamaño que un adulto, juegan en el suelo, alfombras o en el pasto. Los niños no pueden, además, discernir cuando están ante una situación de peligro tóxico y pueden no estar capacitados para evitarla o escapar de ella.
Se despliega, entonces, un panorama apoyado en una variedad de investigaciones de laboratorio, clínicas y epidemiológicas que sugieren fuertemente que las sustancias químicas neurotóxicas que se encuentran en el ambiente pueden jugar un papel importante en las incapacidades derivadas de las alteraciones del desarrollo.

Las implicancias de este concepto son profundas.

Si podemos entender el papel que juegan las sustancias químicas contaminantes en los desórdenes del neurodesarrollo (Plomo, Plaguicidas, Compuestos Orgánicos persistentes) podemos avanzar concretamente hacia la prevención de estos problemas. No dejemos de preocuparnos por esos enemigos silenciosos y reflexionemos en lo que hace mucho tiempo atrás nos advertía Rachel Carson cuando afirmaba que…. “el hombre se impresiona más fácilmente por enfermedades que presentan claros síntomas y sin embargo sus peores enemigos se introducen en él sin impedimentos…” (Primavera silenciosa).


Nota: Dra. Graciela Bovi Mitre - Bioquímica - Facultad de Ingeniería - UNJu

 

 
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