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Bulimia y anorexia: mitos y realidades

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La anorexia y la bulimia son -junto con la obesidad- los más renombrados trastornos de la alimentación. Sin embargo, y pese a que las tres están ubicadas al tope de la triste lista de las afecciones más comunes de la adolescencia, sigue rodeándolas un círculo de silencios, mitos y desconocimiento.

Los textos médicos definen la anorexia nerviosa como un desorden alimentario en el cual la persona afectada se niega a comer y su peso disminuye hasta comprometer seriamente la salud. En casi el 90% de los casos, las pacientes son mujeres de entre 10 y 29 años y, aunque hay pocos estudios epidemiológicos realizados, los expertos calculan que afecta a cerca del 1% de la población.

Las anoréxicas se -perciben- gordas aunque su peso esté muy por debajo de lo indicado para su contextura. Además, se han descubierto casos de anorexia en todas las culturas del mundo, y no solamente en países del hemisferio occidental.

Por su parte, la bulimia es un trastorno en el que el afectado se da atracones de comida y luego se provoca vómitos, se administra laxantes o diuréticos y realiza ejercicios físicos extenuantes para -purgar- su comilona. Según datos de los National Institutes Of Health (NIH) de los Estados Unidos, entre un 2 y un 3% de las adolescentes mujeres tienen bulimia y las consecuencias físicas pueden ser graves.

Aunque no hay estadísticas que marquen un aumento en la incidencia de la anorexia, sí se registra un aumento de casos de bulimia. Por otra parte, estas cifras son más que variables. Es que los expertos tienen indicios para afirmar que la cantidad de casos de estos trastornos suelen estar sub-registrados. Por ejemplo, un trabajo realizado en el Hospital de Clínicas de la ciudad de Córdoba reveló que aproximadamente el 23% de las estudiantes universitarias sufrían algún tipo de trastorno de la alimentación.

A pesar de que se han vuelto trastornos -populares- y cada vez más diagnosticados en los últimos quince años, lo cierto es que - buceando en descripciones y anécdotas que datan del medioevo- es posible encontrar relatos sobre enfermedades misteriosas que se caracterizaban por una gran pérdida de peso, y eran causadas por una feroz -y autoimpuesta- dieta de hambre.

Hasta hace poco tiempo, la mayor parte de la comunidad médica las consideraba típicas patologías de origen psiquiátrico, generadas básicamente por factores culturales y sociales. Sin embargo esta idea tiene -según los especialistas que disertaron en las Jornadas de Córdoba- mucho de mito. -Hay muy poca evidencia médica que permita afirmar que la anorexia y la bulimia son trastornos exclusivamente causados por presiones culturales-, explica la doctora Frances Connan, jefa de residentes de la Unidad de Psiquiatría en los hospitales Maudsley y Bethlem de Londres. Algo similar asegura el doctor Oscar Meehan, director de la clínica psiquiátrica Mira y Lopez y miembro del Royal College of Psychiatrists, cuando dice: -actualmente se piensa que la anorexia y la bulimia nerviosa tienen un origen concurrente: por un lado poseen un componente genético hereditario y están indudablemente ligadas al proceso de desarrollo neuronal que tiene lugar durante los primeros meses de vida del recién nacido, moldeado por los estímulos que recibe de su madre. Así se explica que si en una pareja de gemelos una de las hermanas tiene un trastorno alimentario, el riesgo de que la otra sufra una afección similar se incrementa en un 60%.

Por otra parte, algunas investigaciones realizadas sobre los sistemas neuroendocrinos de pacientes con bulimia y anorexia revelaron bajos niveles del neurotransmisor conocido como serotonina y altas concentraciones de una hormona -el cortisol- ligada a la respuesta corporal al stress.

En otras palabras, se trata de trastornos que muestran la profunda interactividad entre los factores genéticos, el medio ambiente donde nace un individuo y el entorno social en el que se desarrolla la personalidad.

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