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El Exodo Jujeño consistió en la aplicación, por primera vez en la guerra por la independencia, de la táctica militar de "tierra arrasada", con la que el general Manuel Belgrano preservó bienes y vidas del avance del ejército español, para luego poder liberar ese territorio.

En julio de 1812, las fuerzas libertadoras habían sufrido varias derrotas ante los realistas, por lo que el Triunvirato ordenó a Belgrano, que estaba en Jujuy, retirarse hasta Córdoba para evitar el combate con tropas realistas mucho más numerosas, que avanzaban por la Quebrada de Humahuaca. El jefe del Ejército del Norte, que contaba con unos 800 hombres exhaustos, decidió entonces abandonar el lugar, sin dejar nada que le fuera útil a los cerca de 3.000 españoles que avanzaban, por lo que exhortó a la población a abandonar Jujuy, llevarse todos sus bienes y quemar o inutilizar lo que quedara. El 23 de agosto no quedaba nadie en la ciudad y los realistas, al mando del general Pío Tristán, vieron frustrada su intención de reabastecerse y descansar, ya que sólo encontraron "tierra arrasada". Los jujeños, que estaban dispuestos a cualquier sacrificio que ayudara a la causa libertadores, realizaron así la histórica movilización. Días después, la retaguardia patriota se enfrentó con la avanzada del ejército español y la venció en el combate del río Las Piedras, lo que levantó la moral de las tropas locales. El 13 de septiembre siguiente, Belgrano llegó a Tucumán, en su retirada hacia Córdoba, pero encontró a una población dispuesta a luchar, por lo que sumó soldados para detener el avance de Pío Tristán hacia Buenos Aires. Aunque los realistas aún los doblaban en número, los enfrentó y derrotó en la Batalla de Tucumán, con lo que quedó liberado el actual Noroeste Argentino y los jujeños retornaron a su tierra.
(fuente: Terra.com y otros)
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